PEPE LASO: ¿Ser jugador o hacerse jugador?

Esta semana os traigo las reflexiones de Pepe, estamos en un debate: Muchos chicos quieren ser jugadores pero: ¿cuantos quieren hacerse jugadores? Aquí comparto las reflexiones del Maestro:

Si no practico un día lo noto. Si no practico dos días mi esposa lo nota. Si no practico tres el mundo lo nota. V.HOROWITZ

En el arco de edad de los 15 a los 21 años aproximadamente puede centrarse el tiempo en que un baloncestista afianza sus posibilidades de ser un jugador estimable. Cuanto antes él y su entorno deben decidir a qué tipo de baloncestista se quiere llegar. Generalmente los chicos juegan por divertirse, la derrota es una pena que no apena demasiado. Otros sueñan con jugar, se comprometen con sus compañeros, renuncian a tiempo de ocio, pero no alteran ni su vida ni la de sus familias. Un tercer grupo se plantean seriamente sus sueños, ven baloncesto, están dispuestos a sacrificarse, a estos jugadores, entrenadores y su entorno, dirijo mis reflexiones, pues, aunque no lo parezca son muchos más de los que creemos.
Sé que la vida no les es fácil, colegio, deberes en casa, (que barbaridad, si son tan exigentes como suelen ser), compromisos familiares, instalaciones lejanas a sus casas, entrenadores aburridos etc…

Vayamos al grano: Para que el jugador no llegue tarde a sus ilusiones de futuro debe entrenar durante los nueve meses lectivos, mínimo siete sesiones a la semana, además del partido correspondiente.

La distribución de este trabajo puede ser variable en función de sus condiciones físicas, jamás las sesiones físicas deben ocupar más del 30% del tiempo, de lo contrario, mejorará el físico del deportista, pero carecerá de las habilidades necesarias propias del jugador que desea ser.

Una distribución óptima podría ser:

Tres entrenamientos técnicos-tácticos de un tiempo mínimo de 75′ que podrían repartirse así: 25′ de manejo de balón, tiro y ejercicios varios con prioridad al uso de balones; 35′ de competencia apasionada y exigente siempre partiendo como mínimo del 4×4; 10′ de repaso de extrategias, saques de banda, salidas de prex etc…,y terminar con una traca final física de 5′ como reafirmación mental de fuerza.

Dos jornadas para mejora del juego en grupos, pivotes, aleros y bases, por separados, mejora de factores como el rebote, correr el contraataque, interiorizar las posibilidades del 2×2 imprescindible para cualquier jugador con aspiraciones, perfeccionar bandejas, tiros tras bote…

Las dos restantes monográficas o combinadas de físico y tiro. El físico jamás dirigido a la dichosa “preparación física” sino a la prevención de lesiones, al fortalecimiento de la musculatura interior, y sobre todo individualizada, para corregir las deficiencias que el entrenador detecta en el jugador. Si un chico no mete a lo largo de la semana entre 200 y 300 tiros llegara a la eded adulta sin la mecánica ni la puntería necesaria. Bien es cierto que la práctica no te hace perfecto, si lo es que la práctica perfecta te hace perfecto; este es gran error de los enseñantes españoles que no cuidad los detalles del tiro. Véase los porcentajes de nuestras selecciones jóvenes.

No sería malo reflexionar sobre la capacidad de los entrenadores para no decepcionar a los jóvenes que sueñan, y tienen posibilidades de JUGAR. Pero eso será otra tarde de charla “pequeño saltamontes”.

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